Como muchos, no resido cerca de mi centro de trabajo y necesito utilizar el coche como forma de desplazamiento. En mi caso, con 110 kilómetros diarios de trayecto, acumulé muchísimos con mi antiguo vehículo y llegó el momento de sustituirlo.

Estudié con mucho detenimiento los costes de compra, mantenimiento y también los ambientales. Y, al final, aunque en ese momento sentí que la decisión tenía cierto riesgo, opté por un coche eléctrico 100 %.

Sensaciones tras dar el paso

Me alegro de poder deciros que estoy muy satisfecho con mi decisión. El uso de un vehículo eléctrico se puede parecer al que hacemos de uno de combustión, porque ambos tienen ruedas, asientos, luces…. pero su comportamiento se parece poco o nada.

Con un coche eléctrico, lo primero que descubres es la ausencia de ruido, con la disminución de estrés correspondiente. Lo segundo es que te anima a practicar una conducción más eficiente, para reducir el consumo, aunque este ya es mucho menor que el de los vehículos que utilizan combustibles fósiles. Este coche me lleva a mi destino y, a la vez, puedo hacer una contribución ante el cambio climático.

Al margen de los desplazamientos del día a día, mi forma de conducir en viajes largos también ha cambiado y -antes de la situación actual, que limita los movimientos- dejé de hacer viajes de 500 kilómetros del tirón. La verdad es que tiene algo que ver con la la red de puntos de recarga, que es mejorable, y también con los tiempos necesarios para cargar el coche. Pero, en ese tipo de desplazamientos más ocasionales, he vuelto a descubrir los trayectos por las carreteras nacionales y los pequeños grandes lugares que le dan más valor al viaje.

Resultado económico

Mi decisión de compra -aparte de estar motivada por mi intención de generar una huella de carbono menor a lo largo de la vida útil del coche- no dejaba de lado la cuestión económica.

Al principio, tuve que hacer un mayor desembolso inicial, pero queda compensado por el uso, porque hacer 100 kilómetros me cuesta de media alrededor de 1 euro. Incluso podría ser menos, con recargas con tarifas de discriminación horaria. Además, calculo que el mantenimiento es hasta un 75 % más barato que el de un coche de combustión.

Antes lo creía, pero ahora lo he comprobado. Cada vez estoy más convencido de que la movilidad sostenible es posible y que la eléctrica ha llegado para quedarse.