Muchas veces abrimos la nevera en busca de algo para cocinar y la cerramos con la sensación de que no tenemos nada para preparar un buen plato. Pero quizá no sea cuestión de tener más ingredientes, sino de mirar los que ya tenemos de otra manera.
Con un poco de imaginación, lo que parecía destinado a acabar en la basura puede convertirse en una comida deliciosa. La cocina de aprovechamiento no es precisamente un invento nuevo. Nuestras abuelas ya sabían transformar las sobras en croquetaso el cocido de ayer en “ropa vieja” para hoy, preparar un buen caldo con las verduras que tenían a mano o convertir el pan duro en torrijas.
Recuperar esa forma de cocinar nos permite ahorrar, reducir el desperdicio alimentario y experimentar con sabores y combinaciones nuevos. Te proponemos 10 recetas sencillas para sacar partido a los alimentos que ya tienes en casa sin necesidad de aumentar la lista de la compra.
Estas recetas están pensadas para adaptar los ingredientes y las cantidades que tengamos por casa, así que hemos dejado a un lado las listas de ingredientes y las medidas exactas. ¡Vamos al lío!
Mi favorita: tortilla de verduras

Empezamos por mi receta favorita del listado, la que siempre aparece cuando mi madre pregunta qué nos hace para cenar los viernes. Una tortilla de verduras. O pastel, como le gusta llamarlo a ella.
Admite cualquier verdura que tengamos por casa. Ese pimiento que quedó en el fondo de la nevera, una zanahoria, un poco de cebolla o unas espinacas que piden a gritos salir de ese cajón. Solo tienes que cortar las verduras en trozos pequeños, saltearlas en una sartén hasta que estén tiernas y mezclarlas en un bol con unos huevos batidos. Después, todo a la sartén, a fuego medio-bajo, hasta que la tortilla esté bien cuajada. Y para las personas amantes del queso, un extra: añade unos trocitos y deja que se fundan con el calor.
Si prefieres una alternativa de cuchara, con esas mismas verduras puedes preparar una crema. Solo tienes que cocerlas con un poco de agua o caldo, triturarlas bien y añadir tus especias favoritas. ¡Dos recetas por el precio de una!
Arancini: "el plato estrella de mi compañero de piso italiano"

Mientras hablábamos de todo un poco un martes en la oficina, Javi me descubrió los arancini, unas bolitas de arroz típicas de la cocina italiana que preparaba su compañero de piso para aprovechar el arroz que había sobrado. Y la verdad es que la idea no puede ser más sencilla.
Solo tienes que mezclar el arroz con un poco de huevo batido y formar pequeñas bolas. En el centro puedes poner lo que tengas por la nevera: un trocito de queso, un tomate cherry, algo de jamón… Después, ciérralas bien, pásalas por harina, huevo y pan rallado, y fríelas hasta que queden doradas y crujientes (una especie de croqueta, para entendernos).
Pero, ¡ojo con el arroz! Si vas a guardar el que sobró de otra comida para aprovecharlo, no olvides que hay que enfriarlo, meterlo en la nevera antes de que pase una hora y consumirlo en un máximo de 24 horas. Si permanece demasiado tiempo a temperatura ambiente puede proliferar una bacteria llamada Bacillus cereus, capaz de producir toxinas que resisten el calor.
Sopas de ajo: las preferidas de mi abuelo para esas tardes de frío

En casa de mis abuelos el pan duro nunca acaba en la basura. Es la excusa perfecta para preparar unas buenas sopas de ajo, de esas que apetecen cuando bajan las temperaturas y lo único que quieres es un plato caliente.
Muy pocos ingredientes, prometido. Pan duro, unos dientes de ajo, pimentón, aceite de oliva y agua o caldo. Cortar el pan en rebanadas finas y dorar los ajos en una cazuela con un poco de aceite. Después se añade el pimentón, con cuidado de que no se queme, se incorpora el pan y se cubre todo con el agua o caldo. Se deja que cueza unos minutos hasta que el pan se ablande y la sopa coja cuerpo. ¡Que aproveche!
Garbanzos con salsa de yogur: ¿te animas?

¿Te han sobrado garbanzos del cocido o tienes un bote abierto en la nevera? Vamos a darles una vuelta con una receta que se prepara en pocos minutos y tiene un toque diferente.
Se escurren los garbanzos y se saltean en una sartén con un poco de aceite de oliva, pimentón, comino y las especias que más te gusten, hasta que queden doraditos. Mientras tanto, preparamos la salsa, que es una mezcla de yogur natural sin azúcar con un chorrito de limón, un poco de ajo picado y una pizca de sal. Se sirven los garbanzos con la salsa por encima y, si tienes alguna verdura por casa, también se puede añadir al plato.
Lo mejor es que puedes comerlos calientes o fríos, así que también son la opción ideal para llevar en el táper al día siguiente.
Croquetas de cocido: un clásico convertido en entrante

Hay pocas cosas que hagan tanta ilusión como unas croquetas caseras. Y si las preparamos con lo que sobró del día anterior, ya ni te cuento.
Lo primero es desmenuzar la carne y el pollo que hayan sobrado del cocido y picarlos en trozos pequeños. Para preparar la bechamel, se calienta un poco de aceite de oliva o mantequilla en una sartén, se añade harina y se remueve durante un par de minutos.
Después se incorpora la leche poco a poco, sin dejar de remover, hasta conseguir una masa espesa, se añaden los restos del cocido, se mezcla bien y se deja enfriar la masa en la nevera.vCuando esté firme, se les da forma a las croquetas, se pasan por huevo batido y pan rallado, y se fríen hasta que estén doradas. Un consejo: preparar unas cuantas de más y congelarlas antes de freírlas. Te salvarán más de una cena.
Boquerones veganos. Sí, has leído bien
¿Quién dijo que los boquerones tenían que llevar pescado? Esta versión vegetal es perfecta para aprovechar el calabacín que lleva varios días en la nevera y preparar un aperitivo diferente.
Se corta el calabacín en tiras finas (no olvides quitarle las semillas del centro), que se meten en agua hirviendo durante un minuto para que se ablanden un poco. Se dejan enfriar y se ponen en un recipiente con vinagre, agua y una pizca de sal. Se guarda la mezcla en la nevera durante unas horas para que coja sabor. Después, se escurren las tiras y se sirven con aceite de oliva, ajo picado y perejil. ¡Listo, un aperitivo con un toque avinagrado!
Pizza en la freidora de aire. Una cena rápida y sin manchar

Llega la hora de la cena y nos pilla sin ideas, con el cansancio acumulado de todo el día. Para esas noches, una pizza improvisada con una tortilla de trigo es una buena opción. No necesitas preparar la masa ni llenar la cocina de utensilios.
Se coloca una tortilla de trigo en la cesta de la freidora de aire, se añade una base de tomate, queso y se echa por encima lo que tengas en la nevera: un poco de atún, unos tomates cherry, restos de verduras, queso, aceitunas… ¡Aquí vale casi todo!
Después se le echa orégano o tus especias favoritas y se cocina a 180 °C durante unos 5-7 minutos, hasta que el queso se funda y los bordes estén crujientes. Importante: hay que vigilarla para que no se queme.
Un consejo: si utilizas a menudo la freidora de aire, puedes hacerte con una base reutilizable de silicona apta para ese electrodoméstico. Así evitarás gastar papel de horno desechable cada vez que cocines.
Banana bread: plátanos maduros que tienen mucho que ofrecer

Cuanto más maduros estén los plátanos, más dulzor aportarán al bizcocho, también conocido como banana bread. ¡Ni se te ocurra tirarlos!
Se machacan dos o tres plátanos maduros con un tenedor y se mezclan con un par de huevos, unos 180 g de harina, un sobre de levadura de repostería y un chorrito de leche o bebida vegetal si la masa queda demasiado espesa. Si te apetece, puedes añadir canela, unas nueces o trocitos de chocolate. Se vierte la mezcla en un molde y se hornea a 180 °C durante unos 35-45 minutos. Si pinchas el centro con un palillo y sale limpio, ¡ya tienes desayuno o merienda para varios días!
Si no te apetece encender el horno, con esos mismos plátanos puedes preparar un batido. Solo hay que triturarlos con leche o bebida vegetal, yogur natural y, si tienes por casa, un poco de avena o crema de cacahuete. Una alternativa para aprovechar la fruta madura en apenas un par de minutos.
Galletas de turrón para Navidad

Las Fiestas están a la vuelta de la esquina y, con ellas, las comidas familiares, los dulces y esas tabletas de turrón que siempre quedan a medias. Este año, si guardas el turrón que sobra, puedes convertirlo en unas galletas crujientes para acompañar el café.
En repostería, las cantidades sí importan, así que hay que triturar 125 g de turrón duro y mezclarlo con 125 g de harina, 115 g de mantequilla a temperatura ambiente y 50 g de azúcar glas. Se amasa todo hasta conseguir una mezcla homogénea y se deja reposar media hora en la nevera.
Después, solo hay que extender la masa sobre una superficie enharinada, cortar las galletas con la forma que prefieras y hornearlas a 180 °C durante unos 12 minutos. Se dejan enfriar y ¡listas para disfrutar!
Y si lo que más sobra en tu casa es turrón blando, puedes preparar un flan. Se mezclan 200 g de turrón con 600 ml de leche y cinco huevos. Se vierte la mezcla en un molde con caramelo y se hornea al "baño maría" (el molde sobre una fuente con un poco de agua), hasta que cuaje. Se deja enfriar y se guarda en la nevera antes de servir.
Compota de manzana

Si tienes la suerte de contar con un manzano en la huerta o un familiar te ha regalado parte de su cosecha, sabrás que llega un momento en el que no sabes qué hacer con tanta manzana. Si algunas empiezan a ponerse blandas, tenemos una receta perfecta para aprovecharlas.
Hay que pelar las manzanas, retirar el corazón y cortarlas en trozos pequeños. Después se ponen en una cazuela con un chorrito de agua y un poco de canela. Se deja que se cocinen a fuego lento hasta que estén tiernas y se aplastan con un tenedor o se trituran, según la textura que prefieras.
Puedes tomar la compota sola, añadirla al yogur o utilizarla para acompañar unas tostadas. Y si las manzanas están dulces, ¡ni siquiera hará falta añadir azúcar!

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