Ir al trabajo, llevar a las niñas al colegio, hacer la compra, acudir a una cita médica, visitar a algún familiar o asistir a una reunión. La movilidad urbana se compone de esos pequeños desplazamientos diarios que condicionan nuestro tiempo, nuestra energía y el aire que respiramos.  

Durante años, el coche privado ha sido la forma casi automática de buena parte de esos trayectos. Nos ha dado autonomía, rapidez y comodidad. Pero también nos hemos acostumbrado a utilizarlo para casi todo, incluso cuando no siempre es lo más práctico.   

¿Te suena eso dar vueltas durante diez minutos para encontrar aparcamiento? ¿Salir con margen y perder una hora en un atasco? ¿Coger el coche para un recado de quince minutos y tardar más en aparcar que en hacer la propia gestión?  

Hoy, hablar de movilidad urbana sostenible no significa renunciar a moverse, ni dejar el coche aparcado durante meses, ni asumir que todas las personas pueden desplazarse de la misma manera. Significa algo más realista. Se trata de elegir mejor cómo movernos según cada necesidad.  

¿Vehículo privado o alternativas compartidas?  

En los últimos años la forma de movernos por la ciudad ha cambiado. Como explica Iván Herrero, director financiero de Cooltra, “hemos pasado de entender la movilidad urbana como algo basado casi exclusivamente en el vehículo privadoa verla como un ecosistema mucho más flexible, donde se prioriza el transporte en vehículo compartido. Hoy las personas combinan diferentes soluciones según el momento: transporte público, moto o bicicleta compartida eléctrica, caminar o incluso servicios de suscripción”.  

La distancia, el tiempo disponible, la carga que llevamos, si vamos en compañía, si tenemos que enlazar varios recados, el clima o incluso la hora del día son condicionantes a la hora de movernos. No siempre tiene sentido caminar. El transporte público quizás no sea la opción más directa, y tampoco es necesario tener un vehículo propio para desplazarnos.  

Cooltra nació en Barcelona en 2006 a partir de la  necesidad concreta de ofrecer motos de alquiler por días. Lo que comenzó con una flota pequeña ha evolucionado hacia un modelo que combina varias soluciones de movilidad sobre dos ruedas para particulares, empresas y administraciones públicas. En la actualidad, su oferta incluye motos y bicicletas eléctricas compartidas, alquiler de corta y larga duración, servicios para empresas, gestión de flotas y proyectos de movilidad pública.  

No hablamos de buenas o malas alternativas, pero sí de poner el foco en combinar formas distintas de movilidad en el día a día, como ir al trabajo en transporte público, caminar para hacer una compra cerca de casa o recurrir a una bicicleta o una moto compartida para llegar a una reunión al otro lado de la ciudad.  

Porque, como apunta Herrero, “ya no se trata solo de llegar de un punto A hasta un punto B, sino de hacerlo de forma rápida, cómoda, sostenible y adaptada al ritmo de la ciudad”. La pregunta cambia y empezamos a valorar qué opción tiene más sentido en cada momento.  

La app de Cooltra facilita la búsqueda de una alternativa al coche. Foto: RRSS Cooltra

P. Cuando hablamos de movilidad urbana sostenible, muchas veces pensamos solo en “contaminar menos”. ¿Qué más debería incluir este concepto?  

R. Reducir emisiones es fundamental, pero la movilidad sostenible va mucho más allá. También implica reducir el ruido, optimizar el uso del espacio público, mejorar la seguridad vial, facilitar el acceso a la movilidad y ofrecer alternativas reales al coche privado. Desde esa perspectiva, potenciar el uso de la moto o bicicleta compartidas tiene todo el sentido del mundo.  

Al final, una movilidad verdaderamente sostenible no consiste solo en cambiar el tipo de vehículo, sino en cambiar la forma en la que convivimos y nos movemos dentro del espacio urbano.  

P. En el día a día, ¿en qué situaciones tiene más sentido recurrir a soluciones compartidas como la moto o la bici eléctrica?  

R. Tiene mucho sentido en trayectos urbanos cortos o medios, sobre todo cuando el transporte público no llega de forma directa o cuando se necesita más flexibilidad. Por ejemplo, para ir a una reunión, moverse entre barrios, llegar a una estación, hacer un recado o volver a casa por la noche.  

La moto y la bici eléctrica compartidas permiten moverse de forma ágil, esquivar atascos y prescindir del vehículo propio. Son soluciones muy útiles cuando necesitas libertad de movimiento sin asumir los costes, el mantenimiento o el aparcamiento de un vehículo privado.  

P. ¿Qué barreras nos frenan a la hora de probar alternativas al coche privado?  

R. Una de las principales barreras es el hábito. Aún hay muchas personas que asocian el coche privado con comodidad o seguridad, aunque en la práctica muchas veces sea menos eficiente dentro de la ciudad.   

También influyen factores como la falta de conocimiento sobre las alternativas disponibles, la percepción de que son complicadas de usar o la preocupación por el aparcamiento, la seguridad o la normativa. Por eso es importante que las soluciones compartidas sean fáciles, intuitivas y estén bien integradas en la ciudad.  

P. ¿Qué impacto puede tener la movilidad compartida eléctrica en la reducción de emisiones, ruido y presión sobre el espacio público en las ciudades?  

R. La movilidad compartida eléctrica puede tener un impacto muy relevante porque ofrece una alternativa real a muchos trayectos que ahora se realizan en coche privado. Al ser eléctrica, reduce emisiones directas y ruido; y al ser compartida, permite optimizar mucho mejor el uso de cada vehículo.  

Además, motos y bicicletas ocupan menos espacio que un coche, tanto en circulación como en estacionamiento. Esto ayuda a reducir la presión sobre el espacio público y contribuye a ciudades más ordenadas, menos congestionadas y más habitables.  

Por otro lado, no todo el mundo quiere o puede asumir los costes de comprar, mantener, asegurar y aparcar un vehículo. Ofrecemos esa libertad de uso, pero sin la carga de la propiedad.  

P. ¿Qué papel tienen las empresas en el impulso de una movilidad urbana más sostenible?  

R. Tienen un papel fundamental, tanto por cómo se mueven las personas empleadas como por las soluciones que ofrecen a su clientela y equipos. La movilidad corporativa representa una parte importante de los desplazamientos diarios en entornos urbanos, por lo que incorporar alternativas eléctricas y compartidas puede generar un impacto muy positivo.  

Además, las empresas pueden acelerar el cambio de hábitos. Cuando una compañía facilita a su plantilla opciones más sostenibles para moverse, contribuye a una ciudad más eficiente y reduce su propia huella ambiental.  

P. ¿Cómo os imagináis la ciudad ideal en términos de movilidad urbana dentro de diez años?  

R. Imaginamos una ciudad mucho más multimodal, donde el coche privado tenga menos protagonismo y las personas puedan elegir entre varias opciones según cada trayecto. Un entorno con más espacio para peatones, bicicletas, motos eléctricas, transporte público eficiente y soluciones compartidas bien integradas.  

La ciudad ideal no será aquella donde todos nos movamos igual, sino aquella donde cada persona pueda moverse de la forma más eficiente, sostenible y cómoda posible. Un espacio con menos ruido, menos congestión y más espacio público para vivir.   

El impacto de estos sistemas empieza a medirse también a escala europea. Un estudio elaborado por EY para EIT Urban Mobility y Cycling Industries Europe estima que los sistemas de bicicleta compartida, presentes en más de 150 ciudades europeas, evitan unas 46.000 toneladas de CO₂ al año. El análisis calcula además que generan alrededor de 305 millones de euros anuales en beneficios para la sociedad, un cálculo que considera factores como la salud, la reducción de emisiones y la congestión.  

Cuando le preguntamos por algún aprendizaje a lo largo de estos años, Iván responde: “Hemos aprendido que, cuando una solución es fácil de usar, está disponible y resuelve un problema real, el cambio de hábito es mucho más natural. Las personas no siempre buscan “la opción más sostenible” de forma abstracta: buscan la que les funciona. Si además es sostenible, el impacto se multiplica”.