Que el precio de la luz preocupa se nota en nuestras búsquedas. Basta con empezar a escribir “aplicaciones para conocer…” y en las sugerencias aparece “el precio de la luz por horas”. No es casualidad. En la tarifa regulada (PVPC) el coste de la energía varía hora a hora y Red Eléctrica publica cada día esos precios para poder planificar el consumo. Aunque los valores suben y bajan, el tema sigue muy presente en el día a día. En 2021, en pleno pico de tensión, el CIS recogió que más del 90 % de las personas decía estar “mucho” o “bastante” preocupada por la subida del precio de la luz. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia sitúa el precio medio anual del mercado diario e intradiario de electricidad en 2025 en 65,26 €/MWh. Es un nivel similar al de 2024, pero muy inferior al de los años de máxima tensión del mercado.  

Y aunque el impacto en el bolsillo se ha reducido, la conciencia medioambiental está muy presente. Según el CIS, en diciembre de 2025 un 71,8 %  de la población afirmaba estar “muy” o “bastante” preocupada por el cambio climático. Con estos dos factores sobre la mesa, la buena noticia es que hay margen para reducir el consumo energético sin grandes esfuerzos. Empezar con lo que más pesa y lo que se repite cada día es el primer paso. 

10 claves prácticas para empezar ya a ahorrar energía  

Dedo pulsando off en un teclado
Los aparatos en stand-by siguen consumiendo energía

No se trata de vivir a oscuras ni de estar pendiente del enchufe todo el día. Se trata de introducir pequeñas modificaciones en la rutina y de usar mejor lo que ya tenemos en casa. Algunas se aplican en un minuto, otras requieren un poco más de atención, pero todas son sencillas y contribuyen al cambio. 

  • Desenchufar el stand-by para cortar el gasto energético fantasma. Televisores, routers, consolas, microondas o cargadores consumen energía incluso cuando no están en uso, solo por permanecer enchufados. Agruparlos en una regleta con interruptor permite apagarlos de verdad y todos a la vez, lo que hace que el gesto sea más fácil de repetir. 

  • Lavar a baja temperatura siempre que se pueda. En la lavadora, gran parte del gasto se va en calentar el agua. Para ropa no excesivamente sucia, un programa en frío o a 30 ºC suele ser suficiente y recorta consumo sin complicar la rutina. 

  • Tender la ropa y reservar la secadora para momentos puntuales. La secadora es uno de los aparatos que más se notan en la factura. Si centrifugas bien la ropa para reducir el tiempo de secado y luego la tiendes (si tienes espacio, claro) y evitas su uso. 

  • Esperar a tener una carga completa y elegir programas eficientes. Lavadora y lavavajillas rinden mejor cuando están llenos. Además, si usas programas eco, el ahorro se acumula con el tiempo, sin necesidad de estar pendiente cada día. 

  • Cocinar sin perder temperatura y aprovechar el calor residual. Evitar abrir el horno a mitad de cocción ayuda a que no se escape la energía acumulada.  Mejor mira cómo va la receta a través del cristal. Cuando sea posible, es mejor apagar unos minutos antes y que el calor residual termine el proceso. 

  • Colocar bien la nevera y dejarla “respirar”. Como está encendida todo el día, cualquier mejora suma, como dejar espacio en la parte trasera para que circule el aire y evitar ubicarla cerca del horno o en un punto donde le dé el sol. 

  • Ajustar la temperatura de la nevera y el congelador. A veces la temperatura está más baja de lo necesaria por defecto. Mantenerla en un rango razonable reduce el consumo sin afectar a la conservación. También conviene evitar abrir muchas veces la puerta o tenerla abierta más tiempo del imprescindible. 

  • Cambiar a iluminación eficiente y usar luz dirigida. Las bombillas LED consumen menos y duran mucho más que las tradicionales. Además, suele ser más eficiente encender una lámpara de lectura o un punto de luz que iluminar toda la estancia. 

  • Aprovechar persianas y cortinas para conservar la temperatura. Abrir durante el día y cerrar al anochecer ayuda a mantener el calor en invierno y el fresco en verano. Es un gesto simple que reduce el uso de la calefacción o el aire acondicionado. Si además incorporas textiles como cortinas más tupidas o alfombras en zonas frías, el confort térmico mejora sin grandes cambios. 

  • Reducir el uso de agua caliente sin renunciar a la comodidad. Acortar un poco las duchas y evitar dejar correr el agua caliente cuando no hace falta puede marcar diferencia. Si tienes termo, revisar que no esté ajustado demasiado alto también ayuda. 

Un paso más allá con mejoras de fondo que se notan 

Un gato encima de un radiador
El mantenimiento del radiador mejora el rendimiento del sistema de calefacción y reduce el consumo energético sin afectar la calidad térmica.

A veces, el ahorro más fácil no viene de hacer más, sino de necesitar menos. Cuando la casa conserva mejor la temperatura y los equipos están en buenas condiciones, el consumo baja y el bienestar se mantiene sin necesidad de ayudas extra. 

Por eso se suele decir que la mejor energía es la que no se consume, la que evitamos perder por rendijas, la que no se escapa por ventanas mal aisladas o la que no se malgasta por una instalación que podría estar mejor ajustada. En este bloque recogemos algunas mejoras más estructurales que, con algo de planificación, se notan durante todo el año. 

  • Mejorar el aislamiento y revisar los puntos de fuga. Si la casa pierde calor en invierno o se recalienta en verano, la calefacción y el aire acondicionado trabajan el doble. Cortinas más tupidas o térmicas ayudan, pero el salto más significativo está en ventanas, cajetines de persiana y juntas. Si llega el momento de renovar, el doble acristalamiento y la rotura de puente térmico en el caso de las carpinterías de aluminio son recomendaciones habituales del IDAE.  

  •   Y si entre tus planes no está hacer obras de momento, la sensación térmica se puede mejorar mucho con burletes, masilla o silicona en las pequeñas rendijas. 

  • Elegir electrodomésticos eficientes cuando toque reemplazar. No se trata de cambiar aparatos que funcionan, pero cuando llega el momento, la etiqueta energética importa. Un equipo más eficiente realiza la misma función con un menor consumo. 

  • Instalar sensores de movimiento en zonas de paso. En pasillos, escaleras, entradas o trasteros es fácil dejar la luz encendida por despiste. Un sensor enciende y apaga automáticamente cuando hace falta, y evita gastos innecesarios en lugares donde no se necesita iluminación constante. 

  • Revisar la instalación de agua caliente y ajustar temperaturas. El consumo no depende solo del tiempo de ducha, también de cómo trabaja el sistema. Una revisión básica, corregir goteos y ajustar el termo o la caldera a una temperatura razonable mejora la eficiencia y evita gastar energía en calentar más de lo necesario. 

  • Poner a punto la caldera o el sistema de calefacción. Un equipo revisado rinde mejor y consume menos con la misma calidad. Además del mantenimiento, conviene revisar la programación y los horarios para que no funcione cuando no sea necesario. 

  • Mantener el aire acondicionado en buenas condiciones. Limpiar los filtros y revisar el estado del equipo ayuda a que enfríe de forma más eficiente. Un sistema sucio o mal ajustado necesita más tiempo y más energía para lograr la misma temperatura. 

Además, si te planteas dar un paso más y reformar, o incluso construir tu hogar desde cero, el ahorro energético empieza a decidirse en el diseño y en los sistemas que elijas. Construir también es cuidar. En este artículo te contamos el papel de las certificaciones energéticas y algunas claves para ganar eficiencia y habitabilidad desde el principio. 

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